Si todo lo que los brasileños piden a la macumba se diera, entonces ¿para qué jugar el Mundial? Ya Brasil será monarca del planeta y sus alrededores. Sí, porque no obstante el triunfo contundente y claro sobre Haití, al verdiamarillo le urge una actuación firme, de matices, para que la gente vuelva a creer en su imbatibilidad, en sus pretensiones, en su sortilegio de siempre y para que la brujería “macumbera” quede bien. Hoy, ante los duros escoceses, Carlo Ancelotti va a poner en la cancha a Neymar, el hombre esperado. El camiseta 10 va a tener que decir de qué está hecho, de si es verdad que se ha curado de las lesiones que lo han martirizado por años y que es el muchacho que conducirá a Brasil por el sendero del sexto campeonato. Con Neymar en el círculo central, dirigiendo los violines, cellos y trombones, y poniendo sobre el gramado su paciencia adquirida en peleadas mil batallas, Endrick, alineado como centro atacante, va a tener oportunidades, va a fluir en la zona dorada y los goles que esperan sus compañeros van a llegar…
Con la lesión de Raphinha, Ancelotti debió llamar a Joao Pedro, paradójicamente el jugador desplazado para abrirle el cupo a Neymar. El fútbol tiene esas cosas: tal vez uno y otro se combinen para algún gol de esperanzas. Pero Escocia, en su plan de juego, va a ir en procura del arco brasileño. Aunque se atropella, aunque no tiene un estricto orden, sabe hacer las cosas y puede poner en jaque a una zona defensiva aún poco explotada; ya mordió la victoria y está consciente de que ganar hoy será un paso de gigantes hacia la próxima ronda. Brasil tendrá obligación, porque no es lo mismo defender al que ha sido cinco veces campeón del mundo que a un adversario, Escocia, con poco que perder. Será un duelo de escuelas: belleza y lucimiento de un lado del campo, empecinamiento y fortaleza de aquel lado del río…
La jornada, tercer intento mundialista para todos los equipos, será la oportunidad para apreciar los avances de Canadá. Poco tomada en cuenta en campeonatos anteriores, esta selección tendrá esta vez mucho que decir y gritar. Tendrá que vencer a Suiza, que como los canadienses, viene de un empate y una goleada a favor. A su vez, Marruecos, equipo de gran cartel, irá por su presa ante el buen Haití, una selección lenta, pero segura en la entrega de la pelota. Los africanos, llegados a este Mundial con una fina reputación, lanzarán sus ofensivas de misiles y drones ante un equipo que dudamos que pueda aguantar tanto fuego. Finalmente, Bosnia y Catar se lo jugarán todo en procura de un lugar casi inaccesible para ellos en la fase por venir.
Nos vemos por ahí.

