El más fulgurante inicio de temporada de la UCV en su historial en primera división despierta ilusiones de cara a su primera incursión en la fase de grupos de la Copa Libertadores de América. Tres victorias consecutivas, incluyendo dos arcos en ceros con un sólido Giancarlo Schiavone, quien contrajo sin demoras la pesada responsabilidad de suceder en el arco a Miguel Silva, más valioso de la pasada temporada, son el correlato de un torneo Apertura que el equipo de Daniel Sasso gobierna a sus anchas.
Nueve partidos consecutivos sin morder el polvo, desde que precisamente cayó 4-1 ante el propio Metropolitanos en la penúltima fecha del pasado torneo Clausura, cuando quedó sin chance de ingresar a los cuadrangulares semifinalistas, también son un fresco de la consistencia adquirida por el cuadro tricolor para dominar a sus rivales utilizando una panoplia de argumentos, enriquecidos en esta nueva zafra por la incorporación del versátil Jovanny Bolívar para robustecer el ataque.
Sasso ya tenía una invaluable ventaja sobre sus rivales para encarar el Apertura. A diferencia de Táchira, Carabobo y Puerto Cabello, los más serios candidatos a desafiar al campeón defensor en la lucha por el título de 2026, la UCV mantuvo casi intacta su plantilla.
La única salida de peso fue la del arquero Silva, solventada por la categoría y experiencia de Schiavone. De allí que la UCV muestre en estas primeras jornadas un funcionamiento sincronizado en sus líneas con una plantilla que se conoce y juega de memoria. En la defensa, Sasso rescató de las lesiones a Williams Velásquez y es un complemento ideal para el portento físico de Adrián Martínez y el colombiano Alfonso Simarra en el corazón del área.
La capacidad para profundizar el juego por las bandas, conseguir ventaja numérica en las transiciones ofensivas, desbordar o definir con sus laterales está garantizada por el despliegue de Yohan Cumana y Kendrys Silva, quienes sacudieron las redes en los triunfos ante Trujillanos y Metropolitanos. Pero la nuez del fútbol ucevista sigue pasando por los botines del argentino Francisco Solé, que ahora tiene en Bolívar a un nuevo socio para distribuir las cargas. La contribución de Bolívar ha sido esencial, porque puede contratacar con su velocidad, y entra y sale del área para escurrirse y recibir con espacio. Sus tres goles muestran, además, una gran eficacia para castigar. La Copa será un test más riguroso para medir este arranque de fuegos artificiales ucevista.
Taparse la boca es una cobardía
Nunca se podrá comprobar a ciencia cierta las palabras que el argentino Gianluca Prestianni le dedicó a Vinicius en el partido entre Benfica y Real Madrid de playoffs en la Liga de Campeones de Europa. Al margen de si degradó la condición humana del brasileño con el racista calificativo de “mono”, o si simplemente dejó fluir su ira con otras palabras de grueso calibre, por el baile de Vinicius para celebrar su golazo, el solo hecho de taparse la boca, para decir lo que le vino en gana es un acto de absoluta cobardía que debe ser sancionado con severidad por los organismos del fútbol.
Ahora, si los popes que rigen el negocio del balón quieren poner orden en la cancha deben corregir todos los desafueros que ocurren en los partidos. Habrá que sancionar con tarjeta amarilla a los que se tapen la boca para reclamar o insultar y con roja directa en el caso de que el cuerpo arbitral capture infraganti a un cualquier jugador que incurra en un acto racista de forma verbal o gestual.
También sería de agradecer que se pusiera fin a otros actos que degradan el espectáculo, como ocurre cada jornada en la Liga Futve: arqueros y jugadores que se desploman en el terreno para ser atendidos una y otra vez por lesiones imaginarias; a los que salen en cámara lenta cuando hay un cambio; y a los jugadores que en lugar de ocuparse de su trabajo se dedican a reclamar por cualquier nimiedad. Todos atentan contra el juego limpio.

