Aun en tiempos de abrumadora información, de instantaneidad en muchos de los actos cotidianos, el secretismo sigue siendo una de las características que hacen del fútbol un enigma por descifrar. En él se envuelven muchos de los movimientos públicos que su pasión arrastra, y que por eso lo hacen a veces tan inesperado. Uno de ellos acaba de suceder con la vuelta de Salomón Rondón al Pachuca del fútbol mexicano: ¿no llegó al Real Oviedo como una solución para el ataque, falto de gol?, ¿no fue él, el eslabón perdido de un equipo recién ascendido a la primera división española? Apareció de improviso, cuando no se pensaba, luego de haber sido bastión fundamental en el equipo mexicano. La afición venezolana se alegró de su vuelta a un fútbol donde Rondón había comenzado a despuntar, en el Málaga, al fútbol internacional…
En Oviedo, sin embargo, no llegó a ser el Salomón de siempre, el dinamitero implacable de otros días, el hombre que sembraba el desasosiego a cuanto sistema defensivo tuviera enfrente. Anotó dos goles en dieciséis partidos, y en uno de los últimos, luego de ser enviado a la banca, solo entró en el segundo tiempo. La información de su desvinculación al club de Asturias fue escueta, característica de las cartas que se emiten cuando un jugador sale de cada plantel. Entonces, entra en a la cancha de análisis la suspicacia: ¿cómo es que, siendo un futbolista llevado al Oviedo como una solución es devuelto a los pocos meses?
Los dos equipos, Pachuca y Oviedo, responden al mismo propietario: Grupo Pachuca de México, y por eso, y a primer golpe de vista, la transacción se ve como lógica. No obstante, parece evidente que detrás del cortinaje se mueven otras cosas. Salomón, es cosa sabida, ya no tiene aquella explosión que lo hizo famoso; aún conserva su categoría, su clase de jugador importante, pero ni siquiera así pudo empujar al Oviedo, equipo de recursos limitados (el costo de su plantel es el 65 millones euros), a mejores lugares…
Entonces, ¿fue despedido Salomón Rondón del club hispano, o solo fue un simple movimiento de necesidad para llevarlo al Pachuca, equipo de cierta relevancia en México y con un presupuesto en su nómina de 51 millones de euros?
El secretismo, como dijimos antes, forma parte del entramado futbolero de cada día y en este caso, al margen de los boletines oficiales, puede haber estado escondida, como un señuelo, una negociación no revelada. Como quiera que sea, Salomón Rondón sigue siendo Salomón Rondón, y solo de él dependerá si su fútbol y sus goles siguen vigentes en los campos de Benito Juárez y Pancho Villa.
Nos vemos por ahí.

