Valencia está de fiesta. Navegantes del Magallanes remontó de manera sensacional en la ronda regular y en el Round Robin, pero cambió el guión para la Gran Final, ante Caribes de Anzoátegui, y dominó de principio a fin, titulandose en el sexto juego. Echaron por tierra los pronósticos y, a pesar de que los orientales habían sido indomables en casa, lograron sacar ventaja y sentenciar en el Alfonso “Chico” Carrasquel de Puerto La Cruz.
En algún punto dije que esta era la mejor final posible y ahora tengo que decir que tuvimos el mejor desenlace, estadios a toda su capacidad, juegos de todo tiempo, distintos protagonistas y un campeón que fue contundente.
En retrospectiva, en medio de los muchos movimientos gerenciales que se tuvieron que hacer a lo largo del año, fue clave el regreso de Yadier Molina, que llegó al país el 14 de noviembre, cuando los eléctricos tenían récord de 9-15 y eran últimos en la tabla, y consiguió clasificarlos en el tercer lugar con el segundo mejor récord de la campaña. “La Nave” fue otra desde que tomó el control, 20-12 fue el récord final en los compromisos que dirigió en la regular. Luego vinieron los retos de la postemporada, en la que el comienzo fue más que desalentador.
Magallanes se reforzó para el Round Robin con José Marcos Torres, Wilfredo Tovar y un Leandro Cedeño que no era titular en Leones y había jugado poco más de la mitad de la ronda regular. Había muchas duras. Pero además, Rougned Odor estuvo ausente en esa primera semana de enero y paulatinamente se fueron despidiendo Luis Suisbel, Carlos Rodríguez y Yasiel Puig.
El pitcheo, que había sido su mejor arma, colapsó a tal punto que muchos aseguraron que serían el primer eliminado. Pero no, una vez más reaccionaron en el momento justo y, con refuerzos claves como Raffi Vizcaíno y Carlos Sepulveda, se metieron a la Gran Final.
El desenlace de esta historia ya lo conocen. Magallanes se hizo grande en Puerto La Cruz, donde se le había hecho muy cuesta arriba ganar, pero es que definitivamente la inspiración era enorme. Leandro Cedeño pasó de no ser titular a ser MVP de una final, gracias a sus 14 remolques y cuatro bambinazos. Rougned Odor volvió en el momento justo y, aunque jugó muchas veces con las tribunas en contra, sacó su chapa de ex grandeliga, fue el líder bate de la Gran Final con un astronómico promedio de .435. Pero también fueron claves Eliezer Alfonzo (.417), Renato Nuñez -que despertó en el momento justo- (.333) y Luis Sardiñas (.308).
Magallanes tiene en sus manos el título 14, en el dugout un equipo que no se rinde jamás y en la oficina -de la mano de Federico Rojas- un grupo de hombres que siempre quiere más.

