
La conquista del título nacional por el equipo de la UCV, más que el jolgorio de sus jugadores por lo alcanzado, puede abrir dos vertientes en el fútbol venezolano. Va más allá de una victoria, que al final de todo y con la expansión del fútbol en todos los ámbitos de la sociedad, podría parecer uno más del tumulto de cada día.
Hay títulos a raudales, o como decía un amigo para graficar la abundancia y lo ancho de su geografía, “parece que los tiran con un salero”. Solo que este del equipo ucevista trae adherida otras connotaciones, otras significaciones. Por vez primera en los últimos años el fútbol venezolano ha despertado cierto interés en la gente.
Se suele decir que a los partidos “no va nadie”, y de cierta manera tienen razón; las transmisiones de televisión retratan aquella desolación, pero atención: es en Caracas, en los partidos que se juegan en los estadios capitalinos. En el interior, pues, la realidad es totalmente otra…
En Valencia, en los juegos del Carabobo, la presencia en la grada ha sido significativa, y en el decisivo ante la UCV mucho más. Entonces, esa asistencia podría ser el espolón de la granada que haga explotar al público que en otra época respaldaba los equipos caraqueños. Y se vuelque, como el Valencia, como el Acarigua y como alguna vez fue en San Cristóbal, a los campos de fútbol.
Todo esto es una de las vertientes mencionadas arriba; hay otra más, claro que sí, y se relaciona, por extensión, con las posibilidades de que la afición ve más allá de la Vinotinto. Los tiempos recientes han dejado en claro que al aficionado le parece que el fútbol nacional es la selección, y va hacia ella incondicionalmente.
Por eso es que la eliminación del repechaje ha provocado tanto dolor, tanto rechazo. Entonces por ahí llega, en el vacío de afectos por la caída del seleccionado, el campeonato y sus avatares, con sus valores propios y sus defectos, en la tentativa de distraer la atención y que la gente dirija una mirada hacia que una expresión futbolística que no es tan mala como se cree…
Es momento para detenerse. Para darse cuenta de que el fútbol es un carrusel que no se para, y que si la Vinotinto cayó desbarrancada por el acantilado de las derrotas, aún hay tiempo para volver.
Por eso pensar, una vez más, que el campeonato y el triunfo de la UCV o el subcampeonato del Carabobo podría ser un punto de partida, no estaría mal. Siempre que no sea solo una falsa ilusión, el kilómetro cero es también un buen lugar para comenzar otra vez y sentir el horizonte con optimismo de juventud.
Nos vemos por ahí.
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