Mar. Mar 17th, 2026

Enero, entre adioses y bienvenidas

Los entrenadores de fútbol suelen decir, en una suerte de broma cargada de pesimismo, que ellos siempre tienen detrás de las puertas las maletas hechas. Allí se apiñan su ropa y sus trofeos, sus aventuras y desventuras en un aquelarre que llevan de aquí para allá y de allá para un lado remoto y desconocido lugar del mundo.

El adiós de Xabi Alonso y la aparición de Álvaro Arbeloa en el Real Madrid conmovieron al fútbol y dieron razón al dicho de la maleta: en un rincón “detrás se la puerta” estaba la del antiguo y despedido sin misericordia director técnico vasco. El recién llegado, natural de Salamanca, acaba de acomodar su equipaje en el mismo vacío lugar. No había razón para que el equipo blanco de siderales contrataciones estuviese ahí, viendo el despegue del Barcelona y sin atisbos de alcanzarlo y ganar la liga.

La tierra también se movió en Inglaterra con el empujón dado a Enzo Maresca. Nadie había vislumbrado la mala leche del conductor italiano, luego de que el Chelsea hubiera ganado el Mundial de Clubes en Estados Unidos. Los azules habían dado en la final al París Saint-Germain una zurra de fútbol, y se creyó que el aval iba a ser suficiente para que Maresca se enraizara en el club; pero ya vez, en el fútbol no hay ayer, sino el hoy por el hoy mismo, y el octavo lugar del equipo en la Premier League no iba a ser tolerado por el linajudo equipo londinense. Ha llegado Liam Rosenior, antiguo jugador nacido en Inglaterra, con la fe puesta en que su discurso conciliador enderece el rumbo.

Y por si el movimiento telúrico no fuera suficiente en la orgullosa England, el Manchester United, tradición de tradiciones, envió al portugués Rubén Amorim a Lisboa y colocó en el timón a Michel Carrick, otro compatriota de la reina Isabel II y también antiguo futbolista, para llevar al equipo del puerto británico a mejor destino que el séptimo lugar actual.

El fútbol inglés, durante mucho tiempo llevado solo por entrenadores propios, se había llenado de extranjeros, españoles especialmente. Por eso es que los nombramientos de Rosenior y Carrick son vistos como una introspección, como un mirar hacia lo que se viene haciendo y lo que se ha de hacer. En aquellos lados parecen haber vuelto a las raíces, a la purificación, a un otear hacia un futuro inminente en este 2026 y el Mundial por llegar.

España e Inglaterra se vuelven expertas en redactar las cartas de adioses, y también de estirar sus brazos para dar bienvenidas a los mozos principiantes en el manejo de grandes nóminas que se asoman en procura de glorias propias y de entidades. No hay espacio para argumentos de derrota ni para los arrepentimientos: solo hablarán los resultados, vencer y vencer, alcanzar títulos y coronas, porque Real Madrid, Chelsea y Manchester United no saben conjugar el verbo fracasar.

¿A quiénes les tocará ahora caer en desgracia?

En Suramérica también despachan

Los nombres de los entrenadores suramericanos que han tenido que volver a sus casas no suenan tanto como lo de Europa; aquellos son a menudo más mediáticos que los de esta parte del mundo.

Los despedidos en 2005 y los que han llegado por ellos han sido principalmente los de las selecciones de Chile, Perú, Paraguay, Ecuador, Brasil y Venezuela.

Esto se puede ver como un sentido lógico del trabajo, pero también como actos de crueldad humana; pero bueno: ¿qué se le va a hacer? Si se hace un repaso se verá que en cualquier continente el oficio de ser tutor de equipos es un oficio de riesgo, de hoy estoy, mañana debo partir.

En todos estos países la fortuna de unos y otros ha sido diversa, porque en el fútbol, deporte de enigmas y contradicciones, no hay, como en la vida, verdades definitivas. Todos tienen detrás de la puerta la maleta hecha.

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