Vie. Jul 17th, 2026

Argentina, el regreso de Ulises

Ulises nunca perdió la esperanza del regreso a Ítaca. Allá lo esperaba, con la santa paciencia que requería su situación, la amada Penélope. Atravesó enormes distancias y luchó con monstruos hasta llegar al lugar donde ella estaba; y llegó. Se había consumado la épica verdadera (y no la que erradamente mencionan algunos relatores y comentaristas en partidos de fútbol), aquella en la que la historia y mitología griega elevaron al incansable caminante a la categoría de héroe nacional. Entonces, ahora hablemos de otra Odisea. El miércoles, la selección argentina revivió aquellas aventuras de Ulises al venir de virada, como se dice en el fútbol, y vencer a una Inglaterra que no supo cómo mantener su precaria ventaja. Enzo Fernández, como había hecho ante Egipto, y Lautaro Martínez, contra Suiza, volvieron a aparecer para confirmar lo que ha venido pasando en el Mundial: no solo es Lionel Messi, porque son ahora los que llegan desde ultratumba para derribar estatuas y cincelar las propias…

Los argentinos, sabios en estas cosas de fútbol y asuntos mundialistas, esperaron, como Ulises, su oportunidad. Olieron, miraron, y dieron los dos zarpazos. Inglaterra, entretanto, cometió severos errores tácticos. Cuando se adelantó en el minuto 55 se tiró atrás, y ahí estuvo su perdición. Era muy temprano para recular y evadir la obligada responsabilidad de ir por más, y además, caramba, colocó en defensa dos líneas de cuatro hombres, una pegada de la otra, cuando en el fútbol se recomienda, cuando se recurre a esta táctica, colocar las líneas con cinco a diez metros de distancia para que no se amontonen los jugadores y para que el adversario tena el trabajo de romper dos y no una, como pudo hacerlo el equipo del Plata…

Y entonces, solo entonces, llegaron Fernández y Martínez, y llegó toda la Argentina indoblegable, la Argentina que no rinde su causa. Ahora le tocará asumir la magna empresa de enfrentar a España en la final mundialista. Será una batalla entre dos conceptos y dos escuelas futbolísticas aunque con el mismo fin. En tales circunstancias cuesta definir quién podrá vencer, porque son equipos sólidos, de firmes caracteres, de profundas trayectorias y marcadas identidades. Entonces vamos a disfrutar de una final que ha de ser ardiente y no por eso menos fina, con fútbol del mejor y el más depurado del campeonato, y que estará atenta para conocer quién será el sorprendente Mikel Merino o el inesperado Enzo Fernández, qué selección emulará las gesta de Ulises. El Mundial se apaga, pero deja en la gente del fútbol un perfume y un sabor que no se podrán olvidar.

Nos vemos por ahí.

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