Dom. May 17th, 2026

Entrega de Alex Saab a Donald Trump es un golpe simbólico devastador para el chavismo

La deportación a Estados Unidos del empresario colombiano, considerado durante años el principal operador financiero de Maduro, abrie una nueva tormenta política dentro del oficialismo. La Fiscalía de Florida lo imputará por un caso de corrupción ligado con Pdvsa. Analistas advierten que la entrega a Washington destruye la idea de protección absoluta que sostenía a la élite del poder. “El chavismo rompió un pacto de su estructura de poder”, asegura Walter Molina, politólogo.

La imagen que durante años el chavismo intentó construir alrededor de Alex Saab terminó desplomándose en apenas unas líneas de un comunicado oficial.

El mismo hombre presentado en numerosas oportunidades por Nicolás Maduro como “diplomático venezolano”, “enviado especial” y calificado por el chavismo como víctima de una supuesta persecución internacional, -con los hermanos Rodríguez y Diosdado cabello como portavoces-, fue deportado este sábado a Estados Unidos por el propio aparato estatal venezolano.

No fue una captura en el extranjero ni una extradición ejecutada por un tercer país. Fue el propio Estado venezolano —ahora bajo control de los Rodríguez— el que confirmó la entrega del empresario colombiano a las autoridades estadounidenses.

La noticia, divulgada por el SAIME y replicada por Jorge Rodríguez, estremeció tanto al chavismo como a sus adversarios. Saab, considerado durante años el principal operador financiero de Maduro y uno de los hombres más poderosos del entramado económico del régimen, vuelve así al radar judicial estadounidense.

Pero esta vez el escenario parece mucho más delicado.

El periodista David Alandete reveló que Saab se encuentra a disposición de nuevo de la Fiscalía del Distrito Sur de Florida, donde enfrentaría una nueva imputación distinta al proceso por el que fue indultado por Joe Biden en 2023. El expediente estaría vinculado con un caso de corrupción relacionado con PDVSA y sería coordinado por el fiscal Jason A. Reding Quiñones.

El nuevo caso abre otra vía judicial contra quien fue durante años el operador financiero más valioso para el chavismo y uno de los hombres de mayor confianza de Nicolás Maduro”, sostuvo.

Dimensión política del caso

Para sectores disidentes y analistas venezolanos, lo ocurrido representa una fractura histórica dentro de la estructura de poder chavista: la ruptura del principio de protección absoluta para quienes manejaron las finanzas, las redes internacionales y los mecanismos de supervivencia económica del régimen.

El politólogo venezolano residenciado en Argentina, Walter Molina, fue aún más contundente. “Delcy y Jorge Rodríguez terminaron entregando al mayor testaferro del madurismo a Washington”, afirma.

Molina sostiene que “el golpe simbólico es devastador” para el chavismo porque Saab no era un funcionario cualquiera. Era el hombre al que Nicolás Maduro y Cilia Flores defendieron internacionalmente, el rostro convertido en bandera propagandística mientras el régimen denunciaba una supuesta agresión imperial.

El mismo cuya figura fue convertida en símbolo propagandístico de una supuesta ‘resistencia antiimperialista’ mientras millones de venezolanos hacían colas para sobrevivir y comían alimentos podridos de las cajas CLAP con las que este sujeto se hizo multimillonario”, señala.

Pero, a juicio de Molina, lo más grave no es únicamente la caída de Saab, sino el mensaje que deja su entrega. “El chavismo acaba de romper uno de los pactos fundamentales que mantenían cohesionada a su mafiosa estructura de poder: la garantía de protección absoluta para sus operadores financieros”, advierte.

La lectura es compartida por otros especialistas.

El abogado penalista Joel García subraya la contradicción jurídica y política detrás del caso. Recuerda que durante años el chavismo defendió a Saab alegando su nacionalidad venezolana y su supuesto estatus diplomático, pero ahora el propio gobierno lo procesa y entrega bajo condición de ciudadano colombiano. “La narrativa chocó con la realidad”, resume.

La contradicción también fue destacada en la red social X por Ricardo Ríos, presidente de la firma Poder y Estrategia, quien considera que la deportación abre una grieta de desconfianza dentro de la propia coalición oficialista.

Hoy es Saab, mañana puede ser cualquiera de la coalición”, alerta. Ríos sostiene que el precedente puede generar temor entre figuras políticas, empresarios y operadores financieros vinculados históricamente al chavismo, especialmente porque Saab fue durante años uno de los hombres más protegidos del sistema.

Además, cuestiona la inconsistencia del discurso oficial. “¿Es venezolano o no? ¿Quién es responsable entonces de haberlo nombrado diplomático representante de Venezuela?”, pregunta. Ríos también pone el foco sobre otro elemento que alimenta sospechas dentro del chavismo: el hermetismo alrededor de la operación.

“¿Por qué negaron su captura? ¿Quién lo detuvo? ¿Bajo qué cuerpo de seguridad estuvo en custodia?”, cuestiona.

Mientras tanto, en redes sociales comenzaron a circular imágenes de Saab abrazándose con Jorge Rodríguez en eventos proselitistas impulsados por Maduro, escenas que sectores opositores interpretaron como evidencia de una negociación interna o incluso de una entrega pactada.

De vuelta a una prisión federal

La historia de Alex Saab ha estado marcada por el poder, el dinero y las operaciones oscuras del chavismo internacional.

Detenido en Cabo Verde en 2020 y posteriormente extraditado a Estados Unidos, Saab enfrentó cargos por conspiración para lavado de dinero y por presuntamente actuar como testaferro de Maduro.

Aunque fue indultado por Joe Biden en 2023 como parte de un intercambio de prisioneros, regresó a Venezuela convertido en símbolo político del oficialismo.
Maduro incluso lo premió con el Ministerio de Industrias y Producción Nacional en octubre de 2024.

Sin embargo, tras el colapso político del exmandatario y la consolidación del poder interno alrededor de Delcy Rodríguez, Saab comenzó a desaparecer progresivamente del tablero.

Su salida del gabinete en enero de este año ya había despertado sospechas.

Ahora, su deportación a Estados Unidos parece confirmar algo mucho más profundo: que dentro del chavismo cambió la correlación de fuerzas y que incluso los hombres más protegidos dejaron de ser intocables.

 

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