Seis años fuera de los banquillos del fútbol era demasiado tiempo dilapidado para un técnico como Richard Páez. Pero no fue una decisión personal o producto de la falta de ofertas para dirigir lo que impidió al ex seleccionador nacional ponerse los pantalones cortos y tomar el silbato para seguir entrenando.
Páez estaba obligado a permanecer en suelo estadounidense durante el tiempo que tramitaba sus documentos de residencia, y ya sabemos las complicaciones legales que han vivido los venezolanos, y los extranjeros en general, para seguir con sus vidas en estos tiempos de terror, en los que el Donald Trump y su temible policía de inmigración somete a la fuerza a cualquiera ciudadano que se resista a su violencia institucional.
Alejado de las canchas, Páez se convirtió en los años más recientes una suerte de influeyente de las redes sociales, compartiendo sus pareceres sobre el fútbol nacional e internacional, el funcionamiento de la Vinotinto y de las decisiones de quienes gobiernan la FVF y la Liga Futve, que alternaba con sus preocupaciones políticas y sociales acerca del país.
El fracaso del proceso José Pékerman-Fernando Batista consiguió a Páez en la primera línea de batalla; cuestionando siempre la pobreza táctica del juego de la Vinotinto; la incapacidad de los técnicos argentinos para dotar a la selección de personalidad y un estilo de juego acorde con la habilidad y calidad técnica de los jugadores convocados; y proponiendo finalmente sin ambages su experiencia y sabiduría para volver al mando del equipo.
Ahora el técnico que cambió la historia de la Vinotinto y la sacó del marasmo eterno de las derrotas tiene la oportunidad de demostrar en el Cúcuta Deportivo en el fútbol colombiano que los años fuera de la cancha no han menoscabado ni un ápice sus conocimientos, y que su idea de fútbol propositivo, de dominar al rival mediante la posesión del balón, las subidas en bloques, los toques en zigzag para retroceder y avanzar hasta conseguir el espacio liberado sigue vigente.
Cuando en 2010 le tocó dirigir a Millonarios, Páez encontró a un equipo en total declive, producto de la intervención judicial de su antigua dirigencia. Millonarios ni siquiera tenía un campo propio para realizar los entrenamientos, pero con todo en contra Páez lo llevó a conquistar la Copa de Colombia de 2011 convirtiendo a Rafael Robayo en el faro del equipo y el mejor mediocampista del torneo.
Cúcuta marcha en el puesto 15 con dos empates y par de reveses, y la llegada de Páez es una promesa de buen juego y triunfos.
Dudamel, el más exitoso en Colombia
Los entrenadores venezolanos que han dirigido con más éxito en el fútbol de Colombia comparten el hecho de haber dejado antes una marca en el banquillo de la Vinotinto. Richard Páez fue el primero en ser fichado para conducir las riendas de un club extranjero, cuando tras salir de la selección nacional pasó primero por Alianza Lima de Perú y luego recayó en Millonarios. Su paso por el combinado nacional, entre 2011 y 2007 generó un boom nacional.
Por primera vez en su historia el país se sintió identificado con la manera de jugar de la Vinotinto, por el atrevimiento y la determinación para atacar el arco rival sin los temores del pasado. El triunfo 0-3 ante Uruguay en el Centenariazo del 31 de marzo 2004 en Montevideo fue la cota más alta de este proceso, que no tuvo continuidad en la manera de jugar, pero sí sumó otros resultados valiosos con César Farías en el banquillo. Años después, el cumanés destacó como DT de Águilas Doradas en el fútbol de Colombia. Sin embargo, el entrenador nacional con más éxito en ese país ha sido Rafael Dudamel.
Subcampeón mundial en Corea del Sur con la selección sub-20, el otrora guardameta obtuvo su primer logro al ganar en 2021 el torneo finalización con el Cali y en 2024 condujo al Bucaramanga al primer título de su historia. Páez tiene el reto de devolver al cuadro motilón la gloria de 2006 cuando fue campeón del torneo finalización y en 2007 llegó a semifinales de la Copa Libertadores.
El crecimiento del fútbol se edifica con instalaciones como las de UCV
El crecimiento del fútbol nacional se ha mantenido constante en las últimas décadas, más allá de las dificultades económicas que ha atravesado el país, producto del asedio económico y político que derivó en enero de este año en el ataque intervencionista de la mayor potencia de la historia.
Guillermo Valentiner, el empresario farmacéutico y mecenas del Caracas FC, fue el primero en apostar por el desarrollo del fútbol nacional desde bases sólidas que dieran permanencia y sustentabilidad a su idea de edificar el primer club de Venezuela.
Con canchas e instalaciones propias, el Caracas fue hasta hace pocos años una rareza en un campeonato en el que lo común era que los equipos aparecieran y desaparecieran dejando un rastro de deudas por pagar a los jugadores.
Pero ahora vemos como el Deportivo Táchira está en proceso de construcción de sus propias canchas de entrenamiento, lo mismo que Estudiantes de Mérida y Zamora, mientras que Rayo Zuliano tiene su propio espacio para la formación de las categorías menores y Academia Puerto Cabello cuenta con instalaciones de primer nivel y su estadio de La Bombonerita.
A esa apuesta por el futuro se unió la Universidad Central de Venezuela que recién abrió de par en par las puertas de su Centro de Entrenamiento en Los Samanes con cinco canchas, gimnasio y todas las facilidades para formar a las nuevas generaciones y preparar al primer equipo para ser competitivo en Venezuela y Suramérica. Ninguno está inventando el agua tibia. El fútbol se construye bloque a bloque, desde abajo, pues no hay otra vía para trascender.

